domingo, enero 25, 2026

1994

2 comentarios:

Blogger charligreus ha dicho...

La última vez que pasé unos días en Bonabal fue en 1994, probablemente en primavera. Luego estuve en una fugaz visita hacia 2015 . En los noventa hacía muchos dibujos y pasteles de óleo al natural. Estos son de aquellos días en el campo, salvo el de Santa Brígida que lo hice en Canarias. Hace mucho tiempo ya, que no dibujo ni hago apuntes del natural. Todo lo ha ocupado la pintura en el estudio.
Estoy en un momento extraño desde verano. Le he dado un margen largo a la posibilidad de volver a exponer y no encuentro el trabajo en el que sentirme más conforme.

6:59 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

En Inglaterra mucha gente lleva adelante un diario escrito. Desde tiempo inmemorial , tanto hombres como mujeres, y de cualquier edad, escriben su diario. En Italia , en cambio, la gente escribe autobiografías, obviamente a partir de un momento de sus vidas, en el que consideran que es momento de dejar escritos los recuerdos de sus vidas. Los entregan a sus hijos, o si no tienen herederos, los suelen donar al archivo de su ayuntamiento. Suelen predominar, con mucha diferencia, las biografías escritas por hombres , sobre las escritas por mujeres.
Aquí, el diario se considera, por lo general, un asunto de adolescentes. Un error, ya que desde los diarios de a bordo de los marinos , hasta los diarios de los místicos , un diario es un testigo de un tiempo y de su huella diaria en el que lo redacta . Las autobiografías, en cambio, suelen ser de encargo. Alguien con cierta destreza, las escribe sustituyendo al protagonista, normalmente un político con un pasado de cierta relevancia, o una persona de relativa fama social en ese momento. Pasado el tiempo, suelen carecer de interés.
En mi opinión, entre el diario perdido y encontrado, casualmente, varias generaciones después, de un tragasables que actuaba en algún oscuro tugurio de Londres y la biografía de un político olvidado , no hay comparación posible.
En los “rastrillos” británicos, que se montan cada sábado y en cada población , como ancestral costumbre, hay coleccionistas, que buscan los diarios de gente anónima, que en ocasiones, pueden encontrarse en los puestos de libros de viejo. Gente fallecida tal vez hace décadas. Leerlos es escuchar el relato de una vida cualquiera. Y , además, es hacerlo por su protagonista. Entrar en la intimidad de un desconocido y desvelar sus dramas, alegrías, esperanzas, pérdidas…
Leo, a ratos perdidos, la autobiografía del pintor Torres García. En casi todas las biografías que he leído , la etapa más interessante suele ser la infancia. Esta no es una excepción.

10:26 p. m.  

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